«Mira, mija, pa´que dejes de andar quejándote, te voy a dar unas cuantas sugerencias pa’ que vivas bien, y no nomás sobrevivas… ¡Mírame a mí, estoy en la flor de la vida y me sigo riendo !
Ojalá encuentres a quien no tengas que buscar, ni insistir, alguien que te haga sentir que no estás forzando las cosas, que nada va rápido o lento, que simplemente va. Alguien que se enamore de tu risa, de tus canas, de tus arrugas, de tu experiencia, que quiera hacerte
1.- Cuidarás tu presentación día a día. Arréglate como si fueras a una fiesta. ¡Qué más fiesta que la vida! El baño diario, el peinado, la ropa, todo atractivo, oliendo a limpio, a buen gusto.
Estoy enamorada, de alguien que le soy suficiente, que me abraza y eleva mi autoestima, que reconoce mi valor, y que me ha dicho que no necesito a nadie más para ser feliz porque nos tenemos. Ese alguien me enseñó a perdonar y perdonarme.
No somos un cuerpo, somos una mente. A medida que vamos entregando más sentimientos y creencias tomaremos conciencia de que tampoco somos la mente, somos aquello que esta experimenta, las emociones y nuestro cuerpo.
El desapego duele, duele mucho, ¿sabes por qué? Duele porque hay que soltar lo que amas, dejarlo ir, o eso creemos … Ese dolor es mental; no es dolor, es sufrimiento lo que nos hace sufrir, es el miedo alimentado por el ego por la creencia arraigada de la posible